sábado, 6 de diciembre de 2008
jueves, 30 de octubre de 2008
miércoles, 2 de julio de 2008
Escapada a Lisboa

Lisboa es una ciudad no muy grande si la comparamos con otras capitales europeas (tan sólo cuenta con unos 550 mil habitantes), aunque la suma de la población de toda su área metropolitana suma los 2, 5 millones. Por su proximidad a España, tampoco cabría esperar muchas sorpresas con respecto a ciudades españolas, sin embargo las diferencias se hacen ver nada más pasear por las calles lisboetas. El primer rasgo es evidente, y es su lengua. Pero lo que realmente llama la atención de Lisboa es su peculiar orografía y la imponente presencia del Tajo. Son dos factores que definen parte de la vida de la ciudad en una de las acciones más primarias en cualquier metrópoli: la movilidad de los que la habitan. Los tranvías (desde los más típicos a los más modernos) se hacen necesarios ante las empinadas calles y lisboetas y turistas coinciden en ellos. Otros medios de transporte (como el elevador de Santa Justa), han quedado únicamente en manos de los visitantes, pero la simple necesidad de su construcción nos habla de nuevo de las originalidades de la ciudad. El otro gran protagonista es el río Tajo, que en su desembocadura alcanza su mayor anchura. Los habitantes de Lisboa utilizan el ferry para desplazarse de los barrios del extrarradio por el mismo río que sirvió de punto de partido de las expediciones de navegantes como Vasco de Gamma o Magallanes. Lo hacen tanto para ir al trabajo como para hacer sus compras. La presencia del Tajo, aunque ha variado a lo largo de los siglos, parece seguir presente en la vida diaria de los vecinos de Lisboa.
Otra de las caras que ofrece la ciudad de Lisboa, así como el resto del país, es su demografía, formada en gran parte de población emigrante procedente de África. El imperio portugués se extendió por la costa oeste africana y, en los últimos años, muchos angoleños y mozambiqueños (entre otros) han decidido emigrar a Portugal. Y da la sensación, al menos a primera vista, que la integración ha sido más satisfactoria que en otras ciudades europeas.
Otra de las caras que ofrece la ciudad de Lisboa, así como el resto del país, es su demografía, formada en gran parte de población emigrante procedente de África. El imperio portugués se extendió por la costa oeste africana y, en los últimos años, muchos angoleños y mozambiqueños (entre otros) han decidido emigrar a Portugal. Y da la sensación, al menos a primera vista, que la integración ha sido más satisfactoria que en otras ciudades europeas.
El barrio de Belén, algo alejado del centro, reúne la mayoría de los monumentos de la Lisboa antigua que sobrevivieron al terremoto del s XVIII. Un colosal seísmo hizo temblar la ciudad en 1755, destruyendo toda la zona centro de Lisboa. Los numerosos incendios que se sucedieron dejaron a Lisboa asolada, con casi un 90% del caserío destruido.
La Torre de Belén, considerada como símbolo de Lisboa, se erige todavía como vigía sobre el río Tajo. Centro aduanero, cárcel y ahora edificio turístico, ofrece una de las mejores panorámicas de Lisboa, con el puente del 25 de abril y el monumento de los discubridores a poca distancia. El otro gran referente de Belén es el monasterio de los Jerónimos, considerado como la obra cumbre del estilo manuelino, caracterizado por su cargada decoración llena de símbolos marítimos. Es imprescindible visitar su claustro y el museo marítimo, que se haya ubicado en las dependencias del monasterio.
Tras el terremoto de 1755, se hizo necesaria la reconstrucción del centro de Lisboa. Así, se llevó a cabo el mayor plan urbanístico hasta el momento realizado en Europa: el llamado Plan de Pombal. El resultado es todo el barrio de la Baixa, compuesto por calles de morfología regular y simétrica que nacen en Rossio para desembocar en la Plaça do Comercio. Lo cierto es que esta plaza, que podría ser uno de los lugares más bellos de la ciudad, se encuentra algo descuidada, aunque parece que se está procediendo en los últimos años a su remodelación.
Pero más allá de la Baixa, la belleza de Lisboa reside en sus entramados de calles, cuestas y plazas, que nos recuerdan su pasado morisco en algunas zonas. Este es el caso de la Alfama, el barrio popular por excelencia de Lisboa. Lo mismo ocurre con el Barrio Alto, donde el sabor de los antiguos cafés y las viejas calles se mezclan con toda una regeneración del barrio marcada por bares, restaurantes y locales, muchos de ellos de ambiente, que nos recuerdan a otras recuperaciones de barrios deprimidos como el de Chueca en Madrid.
viernes, 25 de abril de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












